Diálogo interno, 4 claves para su mejora

 

Eres tu conversación contigo.

 

¿Conoces la metáfora del autobús?: imagina que conduces un autobús y los pasajeros son pensamientos, recuerdos, sentimientos… Ellos no paran de hablar, gritar, exigir, aconsejar… y tú, en lugar de escucharlos como algo natural, como un ruido de fondo, paras, cambias de rumbo, te enfadas, luchas… para atender sus demandas. Al final, has perdido el rumbo y no sabes dónde vas.

Estos pasajeros tienen una utilidad pues focalizan nuestra atención y pueden ayudarte por ejemplo a ver el semáforo que no ves, el problema viene cuando en ese prestarles atención, pierdes el rumbo de dónde quieres ir.

¿Te imaginas?: se ponen a gritar, cada uno lo suyo y tú lo mismo, y frenas, aceleras, gritas, contestas, comenzáis a empujaros… Y cuando paras… ¿Dónde te ha llevado esto?

A veces no conocemos a estos pasajeros sino que conducimos a su gusto escuchándolos todo el tiempo como brazos extensores suyos y para sus propios intereses o discutiendo con ellos.

¿Quieres esto en tu proyecto, en tu ruta, en tu trabajo o en tu casa?

Puedes hacer algo:

  1. Conocer a los pasajeros: es importante tener un registro de quiénes son, qué te dicen, cuándo han subido, cuándo van a querer que pares el autobús para bajarse sin tener en cuenta tu destino, trabajo, gustos, objetivos… Registra. Registra tus pensamientos para poder conocerlos y percibirlos. Escribe un diario, o un registro de distintos momentos del día durante un tiempo (por ejemplo, un mes).
  2. Conducir: Una vez conozcas esto, valora cuál es tu papel. Observa. ¿Qué quieres hacer con esto? No puedes echarlos del autobús, ni es eficaz luchar y forcejear con cada uno de ellos pues te retrasa mucho el viaje y van a estar ahí igualmente. No es conveniente acallarlos y reprimirlos. ¿Sabes si giras cuando te gritan?¿Hacia dónde?¿Qué te han dicho para lograr cambiar tu camino?¿En qué lugares paras?¿Cuándo vuelves a arrancar?…
  3. Ser profesional: conducir un autobús conociendo los pasajeros y tus reacciones a sus requerimientos, ¿de qué te hace responsable? Tu misión es realizar el recorrido y llegar al destino en tiempo y en condiciones. Marca tu ruta, alternativas a tus reacciones  y comprométete con ella: traza un plan, valora alternativas de tu comportamiento conduciendo: en los “nudos” o cuando “pierdas el control del volante” plantéate: ¿Qué otra cosa puedo hacer?¿De qué otra manera puedo actuar: cambiar de calle, continuar por la misma, frenar, acelerar…?
  4. Manos a la obra: Y aquí tu puesta en marcha, arrancar y llevar el plan a la práctica usando técnicas que sean útiles para ti (dormir bien, hidratarte, ordenar tu agenda, meditar, hacer deporte…).

 

Percibir, responsabilizarte, poner voluntad y actuar.

Que tengas un buen viaje…