No llego a todo y así está bien

¿Cuántas veces has dicho o has pensado “no llego”?

 

Hoy por hoy, lo digo algunas veces.

Lo cierto es que durante años, he sido una superhéroe, un personaje de ficción.  Tenía una especie de habilidades únicas que hacían que llegase a todo. Ese “todo” incluía cosas como la carrera profesional y las metas de otras personas, un afán de demostrar fortaleza hasta llegar extremos porque soy una mujer,  madre, pareja, trabajadora, hija, hermana, amiga… y muchas cosas más que no tenía en cuenta. En todo momento, “tenía” que llegar a todo y “debía” poder.

Hasta que un día en que no me encontraba bien, decidí pararme a analizar en qué estaba empleando mi tiempo. El resultado fue sorprendente para mí. En realidad, para lograr seguir siendo fuerte, yo no aparecía por ninguna parte.

Yo, que era la persona que sostenía todo ese calendario, no estaba, y paradojas de la vida, al no estar, el calendario no podía continuar, porque quien lo alimentaba, no estaba.

Esta, es una situación a la que muchas mujeres de esta era se enfrentan cada día. Nuestra incorporación a la vida laboral y la progresiva incorporación del hombre a algunos aspectos de la vida familiar y del hogar, es compleja. La corresponsabilidad genera tensiones personales y sociales,  estados de ánimo complicados que tocan la identidad de la propia persona y a veces sus grandes beneficios no se perciben en el corto plazo.

Esta historia se repite en muchos lugares y una de las maneras de comenzar a “poder” hacer, es priorizar y elegir, pues el día tiene 24 horas para todas las personas y el tiempo tiene un precio. Para empezar, es preciso comprender, que llegar a todo, no es viable, no existe, y está bien así. 

El tiempo empleado en algo, tiene un coste de oportunidad pues no puede ser empleado en más de una cosa, de aquí la necesidad de aceptar, priorizar y decidir quién se quiere ser, a quién y a qué se quiere dedicar el tiempo (que es igual a vida). En un segundo paso, se decide qué hacer con ese tiempo.

Primero ser y luego hacer, porque el camino contrario no resulta sostenible. Empleando el tiempo primero en hacer sin saber todavía lo que se quiere ser, nos deja a expensas de la propia actividad y todos los agentes externos.

Por eso, en los distintos aspectos de la vida, incluido el trabajo (y especialmente en la gestión eficaz del mismo), resulta de vital importancia empezar por determinar quién se es, qué es lo importante y qué es lo urgente.

Y es que en definitiva, gestión del tiempo, además de efectividad, es gestión de vida, es elección.