Ser o no ser, habilidades de cooperación

El altruismo, puede ser el alivio al dolor empático.

Existe en occidente la tendencia a creer que “todo” se hace buscando una recompensa, en muchas ocasiones de tipo material.

Según esto, todos los actos altruistas, tienen detrás una intención y búsqueda de un beneficio propio, aunque sea únicamente la eliminación de la sensación de culpa o de algún castigo incluso autoimpuesto. No cabe en esta hipótesis, la posibilidad de la realización de actos únicamente para provocar el bienestar de otra persona.

Bien es verdad que existen especialistas en psicología social como Bateson, que creen en el altruismo genuino, no obstante existen estudios por imagen de los cuales puede resolverse que las personas más sensibles al miedo o al dolor ajeno, poseen mayor tendencia al altruismo.

Independientemente de los tipos de altruismo o ayuda que pregonen las distintas teorías, no sólo la psicología influye en estas actitudes. Las circunstancias son también altamente influyentes.

Cabe aquí comenzar a preguntarse sobre la práctica de las propias habilidades: “¿cuándo soy más altruista?” “¿cuándo lo soy menos?” “¿elijo conscientemente cuándo serlo?” “¿pienso primero en lo que dirán de mí?”

Las causas pueden ser muchas pero a nivel social y de grupo, es destacable que dentro de un grupo grande la responsabilidad se diluye  y nace la cuestión de “¿por qué yo?”.

Por otro lado, a veces “la vergüenza”, el sentido del ridículo o no querer distinguirse para seguir perteneciendo, puede inhibir las actitudes públicas de altruismo o ayuda (de la misma manera que este mecanismo en otras circunstancias, puede deshinibirlo).

Todo esto está relacionado con la solidaridad, la empatía y las relaciones sociales en todos los ámbitos, también en el trabajo.

Estas  habilidades, son hoy activos  imprescindibles en la práctica del liderazgo inspirador y la excelencia de las relaciones en equipo.

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