Señora, es usted muy valiente…

 

¿Conoces el efecto Pigmalión?

Seguramente en tu propia carne. Se trata de la influencia que puede ejercer una persona sobre otra con las creencias que proyecta, es decir, de cómo nos creemos lo que nos dicen que somos y actuamos para corroborarlo.

A mi no me ha ido bien “siendo” hierro.

Estoy cansada.

Igual que tú en algún momento, estoy muy cansada. De tanto sostener, de tanto llegar…  Y la verdad, es un alivio, porque ahora que estoy cansada ya no tengo prisa.

 

Igual que tú he sentido la lucha en mi interior, exactamente igual. Y de la misma manera que tú he sentido la “frustración” y la desgana y la resistencia. He tratado de ser un superhéroe manteniendo una actitud de hierro, y esto, es mentira porque estoy cansada y no estoy hecha de hierro sino de madera, que es más vulnerable.

Y la verdad es que con esto me siento feliz, porque me he liberado y porque ya no tengo que hacer nada más que ser yo y ver el mundo en bonito este tiempo.

Me he enfadado y me he puesto triste por querer estar en lugares que no son los míos. Lugares en los que no quiero estar intentando ser una persona que no quiero ser y al final, me he ido e incluso he aprendido. He aprendido el amor y la compasión y no ha sido sola. Gracias.

Aún así, con el rechazo o cuando alguien me ha dicho una verdad que no he querido oír o también cuando he fracasado, he aprendido el amor. Porque no es a mí a quien se lo han dicho, solamente a lo que esperaban de mí.

Últimamente he sido más consciente de cuándo no he trabajado por mis sueños sino para ser lo que otras personas querían o necesitaban que fuese y haciendo esto, no he sido feliz. Es tan revelador… Y es que, me sienta tan bien estar cansada…

No soy infalible, no lo he sido (aunque lo he creído) y no lo seré. Y esto me alivia. Hace años, en un examen, cuando era la más fuerte, me dijeron esto: “Ten humildad Pilar, que no eres infalible”. Y me enfadé. Gracias José A. Tú no te acordarás de mí, yo ya no sé de ti, pero fuiste un gran profesor y yo no fui una buena aprendiz en aquel momento. Me ha costado mucho tiempo porque me hizo pupa pero ya ves, también me hizo bien. Este fue mi proceso, tan perfecto como no. Fue el mío.

Gracias a todas las personas que andan por mi lado o junto a mí. Gracias a las que no me hicieron bien y por supuesto, a las que sí. Gracias por todos los noes que me ayudan a ser más honesta. Gracias, porque tengo tanto que aprender y tanto que fallar…

Me viene una frase de mi madre una vez en el hospital, después de varias operaciones importantes y en un momento de urgencia, cuando un doctor le dijo: “es usted muy valiente” y ella se levantó de su camilla y contestó: “no señor, no soy valiente, soy normal”.  Qué grande mi madre. Creo que también estaba cansada.

 

¿No crees?